lunes, 20 de abril de 2015

DOMINGO LEIVA, UNA MIRADA DIFERENTE AL CABO DE GATA, Exposición digital

Atardecer en la iglesia de Cabo de Gata

Ermita de Torregarcía

Castillo de los Escullos 2


Cortijo del Fraile (para San José)

Playa de Cabo de Gata (barcas-Getty)

Una herida en el corazón del Parque Natural. Cortijo del Fraile.

Playa de Mónsul

Cortijo del fraile

Iglesia y ciclista

Mónsul

Mónsul 002

Castillo de los alumbres de día

El faro del fin del mundo 2

Viento fosilizado

Bahía de Almería desde Cabo de Gata
Iglesia de Cabo de Gata

Amanecer en Cabo de Gata

Castillo de los Alumbres 2

Castillo de Rodalquilar 1

Castillo de Los Escullos

Interior cortijo del Fraile

Iglesia Cabo 2


Domingo Leiva
Ni en su peor pesadilla soñó que acabaría dedicándose a la Publicidad.
Aquel 24 de Julio de 1957, nacía en Alhama de Almería el hijo de unos campesinos humildes, que simplemente soñaban con una prole que heredase la tierra (y no precisamente en el sentido cristiano de la bienaventurada expresión).
A los 15 años no sabía mucho sobre como construir grandes marcas, pero tenía claro que había que destruirlas para mejorar el Mundo. Comenzó a militar en organizaciones a la izquierda de la izquierda, como tanta gente en el franquismo tardío.
Durante su época de estudiante se forjó un “sólido curriculum” como inmigrante ilegal de estío, en países como Suecia, Alemania o Francia. 
En Granada, aprendió mucho más que Filosofía y Ciencias de la Educación (psicología), carrera en la que se licenció en 1980, para inmediatamente comenzar a ejercer como barrendero del Albaicín, trabajando para la empresa concesionaria del servicio de limpieza en la ciudad de la Alhambra.
Siempre pensó que la Psicología era una disciplina (¿científica?) que le permitiría ayudar al prójimo. Pero la realidad impone sus leyes. El primer trabajo que consiguió como psicólogo fue en el Departamento de Selección de Personal de Consurex, una consultoría de Recursos Humanos, que además contaba con una línea de actividad dedicada a la investigación de mercado. Fue su primer contacto con el Marketing.
En 1983 redactó su primera cuña radiofónica, para echarle una mano a un amigo agobiado de trabajo,  que ejercía como Director Creativo en Plataforma, una agencia de publicidad con la que Consurex estaba vinculado. Le pareció un ejercicio mental divertido. Y vino la segunda, la tercera, la cuarta cuña, y la página de prensa, y el spot de televisión,… y el descubrimiento del universo de las marcas, un mundo virtual que determina la conducta de las personas, en su rol de consumidores, y para cuya arquitectura parecía estar especialmente bien dotado.
En 1985 era ya Director Creativo de Plataforma. Durante siete años fue responsable de planificar las estrategias de comunicación, definir los ejes conceptuales y establecer las líneas de trabajo del departamento que da sentido a una empresa de comunicación publicitaria, el creativo.
En 1992, año Olímpico, decidió cambiar de cancha. Y se fue con parte de su equipo, fundando Estrategia Creativa, una agencia de publicidad en la que una buena parte de las personas que trabajaban eran también socios. Hasta 2006,  desempeñó la Dirección Creativa de la agencia, además de desarrollar la asesoría externa de marketing para compañías nacionales e internacionales de sectores como la piedra natural, la horticultura o el inmobiliario.
En estas dos largas décadas como publicista, Domingo Leiva definió posicionamientos, establecidos rasgos de personalidad pública y desarrollado estrategias de comunicación para más de 500 marcas de los más diversos campos de actividad. Pero a esas alturas de su vida, la experiencia de la que realmente se sentía orgulloso eran aquellos tres meses que ejerció como barrendero del Albaicín.
Así que en Junio de 2007 decidió, para variar, intentar explorar caminos existenciales con los que sintiese una mayor sintonía vital. Le dijo adiós para siempre a la mercadotecnia.
Desde entonces ha investigado sobre la creatividad en la enseñanza, imparte Master y Cursos de formación sobre estrategias de comunicación para la Universidad de Granada y la AECID,… y sobre todo ha explorado nuevos caminos en lo que fue siempre su pasión favorita, LA FOTOGRAFÍA.
Durante toda su etapa como publicista había utilizado la instantánea como forma de expresión visual. Pero sería con el descubrimiento de la fotografía digital cuando encontrase un lenguaje verdaderamente personal.
Desde hace algunos años sus imágenes desarrollan un modo de ver el mundo que él mismo denomina “Realismo imposible”.
Lo que aparece en sus imágenes estaba presente en el momento de la toma. Pero lo que se ve en la obra final no podía ser percibido por el ojo humano. El procesado digital extrae una dimensión panorámica y textural inalcanzable para nuestra retina. Todo nos parece habitual y familiar en sus imágenes, y sin embargo tenemos la sensación de que lo vemos así por primera vez.
Trabaja con la mente de un pintor. Ni la cámara ni el mismo pueden ver la imagen buscada en el momento de la captura. Habitualmente hacen falta de 30 a 50 disparos para recoger la información que después será fundida y procesada en una sola imagen. Hay mucho de sorpresa, pero poco de azar en su flujo de trabajo. Casi todo está planificado, estudiando la luz y el espacio, y previendo cual será el resultado final.
Su espacio en Flickr recibe una media de más de 10.000 visitas diarias y ha sido uno de los fotógrafos españoles seleccionados por la Agencia fotográfica Getty Images para su recientemente creada colección de Imágenes Creativas.
En el libro del fotógrafo norteamericano Ferrel McCollough “Complete Guide to High Dynamic Range Ditigal Photography”, Domingo Leiva es una de los 6 fotógrafos de todo el mundo seleccionados como referencia de trabajo creativo utilizando el HDR (Alto Rango Dinámico).
En el ámbito de la publicación editorial y comercial, sus fotografías han servido como ilustración de reportajes en revistas como National Geographic, The Gardian, El País,… además de carteles, libros, folletos, calendarios, para campañas de turismo de numerosas ciudades europeas, asiáticas y americanas… El aeropuerto de Almería y el Centro de Exposiciones y Congresos de El Toyo cuentan con sendas exposiciones permanente de sus imágenes de gran formato sobre la ciudad de Almería.

Espacios de Internet:
Información y contacto: http://www.dleiva.com

Colecciones fotográficas en Flickr: http://www.flickr.com/photos/dleiva/









sábado, 18 de abril de 2015

ABC-SEVILLA: PERDERSE EN EL PARQUE NATURAL CABO DE GATA-NÍJAR. COSTA DE ALMERÍA.

EL CABO DE GATA-NÍJAR, UN PARQUE NATURAL ÚNICO EN EL MEDITERRÁNEO. Foto:
Jappalang


ABC-SEVILLA:

Destinos

Con sus más de 63 kilómetros de costa, el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar es un lugar excelente para pasar unos días en la naturaleza

       Cuando se piensa en turismo lo que a todo el mundo le viene a la cabeza es viajar a una ciudad extranjera en la que patear monumentos, restaurantes y calles adoquinadas. Pero cada vez está más de moda el turismo de naturaleza, una forma de desconectar del ruido y las prisas por unos días y sentirse aislado de cualquier vestigio de ciudad. Y un lugar ideal para ello es el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar en Almería, esencial para quienes que vengan a visitar Andalucía, pero además vital para los andaluces.
El Parque Natural Cabo de Gata-Níjar es un lugar muy especial en toda Europa, ya que se trata de uno de los ecosistemas más áridos del continente, donde predominan sustratos de naturaleza volcánica, con coladas de lava, domos y playas fósiles, dando origen a un singular paisaje de extraordinaria belleza en el que se mezclan las tonalidades ocres, rojizas, negras e incluso blancas.
LAS MONTES DE LOS FRAILES VIGILANTES DE TANTA BELLEZA. Foto: Juan Pardo
 Tierras volcánicas frente al vasto mar
        Esencial para sentir el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar es el verse en medio de este tipo de tierra, con la inmensidad del mar por delante, y es que el visitante podrá disfrutar de más de los 50 kilómetros de costa acantilada mejor conservados del mediterráneo europeo, salpicados por maravillosas playas, algunas de carácter urbano, y otras perdidas, como las calas escondidas en las que prácticamente no hay visitantes y hace falta un buen tramo andando para alcanzarlas y sentirse en una isla desierta.

Pese a su primera apariencia árida, las peculiaridades climáticas y geológicas del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar han dado lugar a un vergel de vida, uno de los conjuntos más singulares de flora del continente, con más de 1.000 especies de flora totalmente exclusivas de la zona, a las que se unen 250 especies marinas, y un buen número de animales singulares, algunos de ellos en peligro de extinción, entre los que destacan el galápago leproso, los zorros, el lagarto ocelado, y aves como el águila perdicera o el búho real.
LOS ESCULLOS, UN ESPECTÁCULO DE NATURALEZA. Foto: Juan Pardo
 Riqueza natural fuera y dentro del agua
        Otro de los puntos de interés del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar está bajo sus aguas, donde buceadores de todo el mundo vienen a disfrutar unos días de sus fondos marinos, que debido a su temperatura uno se puede sumergir durante todo el año en esta reserva marina. A este deporte se suman muchas otras posibilidades de actividades al aire libre, como las travesías en kayak o paddle surf, las travesías en barco, y ya en tierra el senderismo y las rutas a caballo, en bici o en quad.
Pero como no todo es naturaleza y uno tiene que comer, el viajero encontrará una gastronomía típica y exquisita en cualquiera de sus pueblos. San José, Carboneras o Carboneras son algunas de las localidades repletas de restaurantes, donde los productos del Mediterráneo, sus pescados y mariscos, cobran especial importancia, y se sirven frescos recién cogidos del mar.
LA ISLETA DEL MORO ARRÁEZ,  MARINERA POR LOS CUATRO COSTADOS. Foto: Juan Pardo
 

viernes, 10 de abril de 2015

EL CORTIJO DEL FRAILE Y EL CRIMEN DE NÍJAR. Carlos de Paz, exposición fotográfica

EL CORTIJO DEL FRAILE, LUGAR DONDE OCURRIERON LOS HECHOS DE BODAS DE SANGRE DE FEDERICO GARCÍA LORCA. EN LA ACTUALIDAD EN RUINA Y ABANDONO.

            El 22 de julio de 1928, Francisca Cañadas Morales vivía en el Cortijo del Fraile, donde su padre era aparcero y estaba a punto de casarse en una pedanía cercana, a las tres de la madrugada, según las costumbres nupciales de los campos de Níjar de aquella época. La boda de Paca,“La Coja” —quedó lisiada a los tres años poruna paliza que le dio su padre—había sido apañada por su hermana mayor Carmen y el marido de ésta, José Pérez Pino, que a su vez era hermano del novio, Casimiro.Al casarse las dos hermanas con los hermanos Pérez Pino, la herencia se quedaría en casa. 
LA CAPILLA DEL CORTIJO DEL FRAILE, UN LUGAR PRECIOSO, EXPOLIADO Y DESTROZADO.
             Poco antes de la hora de la boda, la novia desaparece. Al poco tiempo la encuentran en un camino cerca del sitio donde yace muerto —a tiros— su primo Francisco Montés Cañadas con el que había pretendido huir, llevados por su pasión amorosa. Pronto se supo que los fugados se habían encontrado con Carmen y su marido, dando lugar a una pelea entre ellos, resultando muerto el primo de Francisca. Posteriormente Casimiro se casó, pero Francisca se encerró de por vida en un cortijo de Hualix para expiar su culpa.
UNA DE LAS COCINAS DEL CORTIJO.
 Información extraída del Diario de Almería del 24 al 27 de julio de 1928 y de la Revista Nuevo Mundo de 3 de agosto de 1928.

            Ese drama inspiró a Carmen de Burgos para escribir su novela corta «Puñal de Claveles» en el año 1931, que a su vez fue una de las referencias con que contó Federico García Lorca para su obra teatral «Bodas de Sangre» en  el año 1932.
PATIO CENTRAL Y DEPENDENCIAS DERRUIDAS.

            La hacienda del Cortijo del Fraile era una enorme casa de labor —construcción típica de las grandes explotaciones agrícolas y ganaderas de Andalucía— en la que se distribuyen en una sola planta varias dependencias alrededor de un patio central. Contaba con varias viviendas menores—ocupadas por labradores— numerosos corrales, cuadras, cochiqueras y establos, un gran aljibe, hornos, una capilla con su campanario y una cripta funeraria. El cortijo se encuentra cerca de los Albaricoques, en el municipio de  Níjar. 
COCHIQUERAS DEL CORTIJO DEL FRAILE, UNA PERFECTA OBRA ARQUITECTÓNICA
       En la actualidad se encuentra en un lamentable estado de ruina y abandono, situación que ha sido denunciada reiteradamente por numerosas personas y asociaciones.
                                                                Textos: Nicole Pawlowski
ENLACES:


LA GRAN ALJIBE DEL CORTIJO DEL FRAILE.
AMPLIACIÓN DE INFORMACIÓN Y CONTACTO:
Amante del lenguaje fotográfico, no me importan las herramientas ni el barro con el que se construyan las imágenes.
No me gusta disparar…, ni con la cámara. Prefiero acariciar con el objetivo.
Entre el azar y la necesidad, la astronomía y la gastronomía. 
Entre el placer y el esfuerzo, el trabajo y la constancia.
Entre la razón y la ilusión, la intuición y la reflexión. 
Entre el nacer y la muerte, la vida transita bajo nuestros pies dejándonos creer que construimos un camino.
Hombres, mujeres, niños y ancianos. Paisajes, ciudades, cementerios y fiestas. 
Sentimientos, metáforas y dudas.
Todo cabe en la cámara oscura que hace mucho tiempo se pegó a mis ojos y desde entonces vive conmigo.



Travesía EN BICICLETA por el Cabo de Gata. Por Sergio Fernández Tolosa y Amelia Herrero



Travesía por el Cabo de Gata. Mares del sur


Rutas > Travesía por el Cabo de Gata. Mares del sur
Vertiginosos acantilados, playas solitarias, caminos milenarios, torres de defensa, escenarios de película… El paisaje volcánico del Cabo de Gata nos seduce con sus parajes agrestes y nos regala una ruta de 170 km llena de emociones y lecciones sobre el pasado de este territorio sin igual.
Este año, los Reyes Magos de Oriente nos trajeron un regalo descomunal: cuatro días libres y dos billetes de autobús para nosotros y nuestras bicis para ir a recorrer el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar, en Almería. Al día siguiente, el 7 de enero, canjeábamos el bonobici, colgábamos el cartel de “cerrado, nos ha tocado la lotería” y poníamos rumbo a los mares del sur.

 Hacia el fin del mundo
Día 1: Almería-San José 48 km/360 m+
Incluso para un trasero curtido, trece horas dentro de un autobús pueden ser muchas horas. Quizá por eso cuando el conductor nos despierta a voces –“¡los de las bicis, ya estamos en Almería!”– dos horas antes de lo previsto, estamos a punto de darle un par de besos. “Será fitipaldi el tío…”.
Lo nuestro es motivación absoluta, pero la verdad es que el Cabo de Gata promete, y más en esta época del año en que muchos sufrimos los duros efectos del síndrome de abstinencia del culotte corto. A las 7 a.m. aún es noche cerrada, pero no hemos hecho 800 km enlatados en un bus desde Barcelona para ahora esperar sentados a que amanezca en la estación de Almería. Montamos las bicis, encendemos los focos y el GPS y partimos sin dudarlo hacia el cabo de Gata, pedaleando emocionados por el paseo marítimo, a estas horas completamente desierto.

El Mediterráneo reposa como un espejo mientras el sol entra en escena suavemente, tiñendo de violáceo la bóveda celeste y mostrándonos una oscura silueta montañosa que se alza al otro lado del golfo de Almería. En su extremo, un faro se enciende cada pocos segundos. Es el Cabo de Gata. Hasta allí nos quedan 33 km completamente llanos, primero por un bici-carril que llega hasta la universidad y luego una serie de caminos y pistas que enlazan el aeropuerto y un par de urbanizaciones colindantes con el parque natural.
Poco más allá divisamos una vieja torre vigía y los restos de una fábrica de salazones de la época romana. Una árida estepa litoral poblada por palmitos y esparteras nos da la bienvenida al parque y a su albufera, que alberga unas inmensas salinas en las que descansan bandadas de esbeltos flamencos de plumaje rosado. Nos topamos con la primera cuesta hasta sobrepasar La Fabriquilla, pero tras la correspondiente bajada nos encontramos ya a los pies del faro, disfrutando de la impresionante vista del arrecife de Las Sirenas, bautizado así por los pescadores de antaño, en alusión a las focas monje que habitaban estas costas hasta hace apenas 40 años.
 
     La ruta continúa por pista asfaltada hacia el collado de Vela 
Blanca, donde volveremos a perder altura, aunque ya por pista de tierra y dentro de un sector vetado al tránsito motorizado. El descenso es rápido, pero la costa es un derroche imaginativo de formas y colores, un abanico surrealista de texturas, ensenadas, islotes, agujas y precipicios. Por eso avanzamos sin prisas, atentos a cualquier cambio, con tal de no descuidar ningún paisaje, ningún rincón, entrando y saliendo de playas desiertas flanqueadas por montañas de lava pulida por los elementos, chimeneas volcánicas, columnas de basalto, dunas fósiles…
Pasamos junto a cala Carbón y visitamos la ensenada de la Media Luna. Entramos en la emblemática playa del Mónsul, presidida por un espectacular tómbolo conocido como La Peineta. Caminamos embobados sobre la arena compacta de una playa universalmente conocida, aunque sea sólo gracias a la escena del paraguas y los pájaros de Indiana Jones y la última cruzada. Desde la playa del Mónsul saltamos a la de Los Genoveses por la pista principal, y aquí tomamos un camino más estrecho que sube hasta el molino restaurado que nos da la bienvenida a San José, en otro tiempo pueblo de pescadores y que en los últimos años se ha convertido en el principal enclave turístico dentro del parque natural.
Con una sonrisa de oreja a oreja, aunque algo cansados, llegamos al céntrico Hostal Sol Bahía, en el que no tienen objeción a que nuestras bicis duerman en la misma habitación que nosotros. Menuda bacanal. Aquí Julien Absalon sería feliz.

Bueno y breve, dos veces…

 Día 2: San José-Las Negras 26 km/470 m+

La nochecita medio en vela en el bus y la cena a base de boquerones fritos y otros sabrosos frutos del mar en el Restaurante El Emigrante –frente al hostal– nos inducen a un estado de letargo ineludible en cuanto olemos la cama. Tras once horas de sueño reparador, el segundo día de ruta empieza con un leve retraso sobre el horario que se podría calificar de decente. Dan las diez cuando abandonamos San José, sin complejos, cargados con las mochilas, ávidos de más paisajes sobrenaturales y, cómo no, algunas emociones bikers.
Como si los dioses nos hubieran escuchado, el camino enseguida da muestras de mayor fiereza que en la jornada anterior, pero de pronto nos sacude en los morros con una trialera de las que aniquilan por hipoxia varios millones de neuronas por segundo. Sin aliento ni orgullo, echamos pie a tierra mucho antes de llegar al tremendo acantilado del cerro de Cala Higuera, coronado por otra expectante torre vigía. La pista se ensancha al bajar hacia la antigua cantera de tonos claros de la que se extraía bentonita y pasamos raudos junto a las ruinas de la Casa de Los Tomates –un cuartel de la Guardia Civil abandonado–, pero a partir de la playa de Piedra Galera descubrimos gratas huellas que contornean la accidentada línea de la costa hacia la Ensenada de Los Escullos, el castillo de San Felipe y, finalmente, la Isleta del Moro, donde paramos a comer.
Atrás ha quedado el cerro de Los Frailes, que con 493 metros ostenta el título de punto más elevado del parque. Sus acantilados ofrecen hermosas formas de erosión marina en lo que fue el interior de la caldera volcánica, columnas de basalto que asemejan elegantes cortinas de láminas y canteras al pie de las mismas, ya abandonadas, de las que se extraían adoquines para las calles de las ciudades.

      Recuperadas las fuerzas, retomamos las bicis poseídos por el espíritu de la improvisación. Tras unos minutos de pedaleo suave por la carretera, tomamos una senda que baja hasta la cala de los Toros antes de subir al mirador del cerro de la Amatista, al que sólo se puede acceder por asfalto. Al otro lado del collado, a media bajada, nos desviamos a la derecha por una senda poco visible, pero señalizada con marcas de pintura blanca y azul, que avanza entre palmitos, chumberas y una legión de piedras. El nuevo camino nos lleva hacia el cortijo Colorado evitando la población de Rodalquilar, llevándonos directamente a la torre de los Alumbres, construida en 1510 para defender la comarca de los piratas berberiscos que periódicamente atacaban la población en busca de agua, minerales y esclavos.
Al llegar al Playazo, tomamos el sendero señalizado de la Ruta de los Piratas, que comunica con la cala del Cuervo. Se trata de una zona poco ciclable y algo expuesta, pero que merece la pena recorrer si no tenemos prisa ni aprensión por las alturas. Tras un tramo de descenso que nos pone contra las cuerdas en más de una ocasión, llegamos al Camping La Caleta, donde hay bungalows, aunque preferimos acercarnos hasta Las Negras. 

Naturaleza pura, por favor

 Día 3: Las Negras-San José 49 km/770 m+

Amanece medio nublado y una hora después la bruma todavía colapsa la bahía. A juego con el día, nuestros pensamientos flotan medio perdidos en una nube de desazón. Estamos en el corazón de un parque natural, una reserva de la biosfera, el primer espacio marítimo-terrestre protegido de Andalucía, pero no por ello es un espacio a salvo. La pista por la que salimos de Las Negras, sin ir más lejos, ha sido recientemente fruto de polémicas. Resulta que el sendero por el que hasta hace un año y medio sólo podían pasar peatones y bicicletas es ahora transitable en coche.
La explicación se encuentra a escasos 5 km, en el oasis de cala de San Pedro, habitado desde hace décadas por una pequeña comunidad hippie. Por lo visto, el dueño del terreno los quiere echar –ya ha presentado más de 50 denuncias– y, de paso, construir un nuevo resort turístico. Para los más pesimistas, San Pedro suena a triste secuela del drama de Algarrobico, un megahotel de 400 habitaciones y 20 niveles que, inexplicablemente, contó con todas las licencias de obra pese a que para levantar el inmueble había que volatilizar un monte entero en pleno Parque Natural Cabo de Gata-Níjar y a sólo 28 metros de la orilla del mar. Las obras se detuvieron en 2006 cuando estaba a punto de ser completado, pero el mamotreto permanece allí, como muestra de la ambición y la corrupción sin mesura del hombre moderno.
Mientras tanto, tal y como reza una pintada en un muro de Las Negras, “San Pedro resiste”. Al menos, de momento. Cuando llegamos al final de la pista, descubrimos que todavía queda un último sector de sendero, muy aéreo y con algún tramo realmente técnico, por lo que rodamos muy atentos sobre el profundo acantilado que ha protegido este oasis desde tiempos inmemoriales.
Tras cruzar los bancales que llegan hasta la playa y saludar a varios de sus habitantes, retomamos la marcha por un camino tortuoso que implica colgarse la bici a la espalda durante 20 minutos. Una vez arriba, comprobamos que la humedad reinante ha dejado las rocas muy resbaladizas. En la primera bajada, muy empinada, el instinto de supervivencia nos invita a caminar unos metros. La segunda, en cambio, es más llevadera y nos conduce felices hasta la cala del Plomo, donde sí llegan coches.



A partir de aquí pedaleamos por la pista que sube hacia el cortijo de Los Serenos y la carretera de Fernán Pérez, donde comemos algo rápido. Antes de llegar a Los Albaricoques descubrimos una cómoda pista que va hasta el famoso Cortijo del Fraile, hoy abandonado y en estado precario, que fue escenario de películas como El bueno, el feo y el malo, y célebre por el llamado Crimen de Níjar, que tuvo lugar el 22 de julio de 1928 en sus inmediaciones e inspiró la obra Bodas de Sangre, de Federico García Lorca. Entre inmensas huertas de apio, coliflores e hinojo, y ruinas de cortijos, aljibes y pozos abandonados, pedaleamos por la antigua carretera que unía las minas de Rodalquilar con Los Albaricoques. Aquí dejamos el pueblo a la derecha y empezamos a subir por la rambla de La Paniza, que culmina en una senda que nos lleva hasta el corazón de la caldera volcánica de Majada Redonda. Allí dentro nos topamos con el coche de los Picapiedra, cuyo último viaje hasta este ignoto lugar es difícil de imaginar.


La bajada por la rambla de la Majada es tan fácil como espectacular, hasta que salimos a la carretera, que abandonamos enseguida para tomar otro camino que cruza los Cortijos Grandes y desemboca en El Pozo de los Frailes, donde se puede ver una monumental noria de sangre, de las que funcionaban con tracción animal, similar a la del principio de Conan El Bárbaro. Desde aquí tomamos la carretera hasta San José –son 3 km–, aunque, de camino, en el mapa del GPS descubrimos que hay una pista alternativa que pasa por los cortijos de Pascual y de Doña Ángeles. La próxima vez será.

Energías renovadas

 

Día 4: San José-Almería 47 km/350 m+

Las minivacaciones se terminan. Hoy toca volver hasta Almería usando prácticamente el mismo camino que el primer día, pero en sentido inverso y con la idea de parar a descansar y tomar el sol en alguna de las playas más bonitas del trayecto. Podríamos preguntar si en el bus local dejan meter las bicis, pero ya tendremos suficiente autobús esta noche. Además, si existe la opción, siempre es mejor ir en bicicleta. A cualquier parte.
Es 11 de enero. A mediodía el termómetro del cuentakilómetros de Amelia marca 28º C. El mar luce azul. El camino de regreso nos vuelve a seducir con sus mágicos paisajes. Puede que hoy sea el último día del invierno en que vistamos maillot corto. O, visto de otro modo, quizá hoy sea el primer día del verano.

Ficha técnica

- Itinerario: Almería – San José – Las Negras – San Pedro – El Plomo – Fernán Pérez – Cortijo del Fraile – Los Albaricoques – Presillas Bajas – San José – Almería. - Kilometraje: 170 km. - Ascensión acumulada: 1.950 m+. - Terreno: Predominan las pistas, pero hay sectores de sendas expuestas, trialeras de alta dificultad y algunos tramos de porteo. Abstenerse alérgicos a las piedras. - Dificultad: Las etapas 1 y 4 son fáciles. Las 2 y 3 albergan tramos complicados, pero existen pistas más ciclables alternativas. - Época ideal: Invierno, primavera y otoño. - Orientación: Los tracks para GPS de esta ruta estan disponibles aquí


 

jueves, 30 de octubre de 2014

Una de piratas ... y contrabandistas. Por ANDRÉS CABRERA LÓPEZ

Una de piratas ... y contrabandistas. piratas-berberiscos
ANDRÉS CABRERA LÓPEZ (1998): Una de piratas ... y contrabandistas.
Rev. Paraíso Natural. Nº 3. Págs. 11-13. Almería. 

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Septiembre de 1556. Amanece en el Cabo. En las tranquilas aguas de la cala del Pozo Chavalí se recorta la figura de una galeota anclada. Con las últimas luces del atardecer, y aprovechando la sobrecogedora cortina de nubes y lluvia de la tarde anterior, ancla sin ser vista desde los torreones próximos. La misma tormenta que estuvo a punto de hundirla le permitió recalar sin ser divisada. Es la hora de aguar en el Pozo y recorrer algunas leguas para recoger comida, leña y esclavos que vender en Argel.
Según Andújar Castillo y otros (1.994), citando a Fernando Braudel, "la piratería en el Mediterráneo es una industria tan vieja como la historia" Tal afirmación adquiere pleno sentido en el siglo XVI para las costas de la Península Ibérica. En efecto, con la conquista castellana del Reino Nazan de Granada, último bastión del poder musulmán en España, desaparecía la última frontera terrestre entre las dos culturas, entre las dos religiones, cristiana e islámica.(...) La costa mediterránea pasa a ser un extenso espacio limítrofe con el Norte de África desde donde turcos y berberiscos toman el relevo a sus hermanos de sangre en el histórico enfrentamiento -aunque ahora por móviles distintos entre la comunidad islámica y la cristiana. El corso, como expresión de una forma legalizada de guerra, traslada hasta el Mediterráneo, la lucha que se había mantenido durante siglos tierra adentro.
En Almería, el corso, berberisco y turco, castiga sus costas durante el siglo XVI con una alta efectividad merced a un profundo conocimiento del terreno facilitado por aquellos moriscos que lograban emigrar hacia el Norte de África y, mas tarde, por los moriscos expulsados tras la rebelión. A lo largo del siglo se registran numerosos ataques corsarios. Muchos quedaron en meras tentativas. Otros sin embargo alcanzaron el éxito y, en consecuencia, terminaron con el cautiverio para los cristianos capturados.
Entre los saqueos mas importantes son reseñables los de Lucainena en abril de 1555 y en septiembre de 1566, de Níjar en abril de 1562, de Tabernas en septiembre de 1566, y de Cuevas del Almanzora en noviembre de 1573. El episodio subsiguiente solía ser la venta del botín humano logrado en los puertos norteafricanos. Hasta allí acudían frailes, casi siempre trinitarios o mercedarios, encargados de negociar y pagar los rescates" (1). 
 
No obstante el pirateo en la costa almeriense es más antiguo y no sólo fue sufrido por los nativos sino también practicado por ellos en siglos anteriores. "La Federación Marítima de Pechina fue el embrión de lo que luego sena uno de los reinos de taifas, de carácter marcadamente esclavista, más prósperos de los ss XI-XII. Su prosperidad se debía básicamente a las actividades de sus marinos, que hostigaban continuamente el tráfico comercial marítimo en el mar de Alborán, lo que sin duda contribuyó a que en 1147, los más importantes reinos cristianos de la época acometan la empresa de cortar las actividades corsarias de los "almerienses". Castellanos, catalanes, la flota del Vaticano y los genoveses participan en el ataque conjunto, que supuso la ocupación cristiana durante diez años y marca el principio de la decadencia de la región. El hecho de que los genoveses atracarán en la ensenada que hoy lleva su nombre, en las inmediaciones de San José, nos habla de hasta qué punto estaban poco organizadas las defensas o el sistema de aviso del litoral, que habría de desarrollarse más tarde, con el reino Nazarí".
Las difíciles relaciones de "este reino (el Nazarí) con el norte de África (inicios del s. XIII) favorece que se establezca un sistema de avisos mediante torres vigías en la costa, que va a ser una constante de la zona hasta bien entrado el s. XVIII. De esta época serían las primeras torres de planta cuadrangular en el cerro de Los Lobos (Rodalquilar), Vela Blanca, y la Testa. También habría que datar de la época las poblaciones fortificadas de Guebro (Huebro), Ainos (Inox) y Tarbal". (2) 
 
Como ya hemos adelantado anteriormente, un hecho muy relacionado con el auge del pirateo en las costas almerienses, es el de la emigración/expulsión de moriscos hacia África. Esto provoca el resentimiento por tener que abandonar voluntariamente o a la fuerza las tierras, las posesiones que ellos, sus padres, sus abuelos habían cultivado, mimado, atesorado. Unos dan pistas a los piratas de por donde saquear, otros vuelven con ellos.
"Con la saca de los moriscos en el 1570 la tierra no quedó totalmente despoblada. Los cristianos viejos, que sobrevivieron a la guerra, se concentraron en las ciudades de la costa Adra, Almería y Vera y en las principales poblaciones de los señoríos más importantes: los de los marqueses de los Vélez y Villena.
Primero se fueron poblando las tierras más fértiles y alejadas de la costa, después las más pobres y peligrosas por quedar a merced de los moriscos embreñados y piratas berberiscos. La etapa que va de 1571 a 1620 fue la más penosa. Cuadrillas de moriscos hambrientos recorrían la tierra asaltando y asesinando. Les ayudaban los huidos al enfrente africano, que volvían a amedrentar a los nuevos pobladores y alejarlos de las tierras, que fueron suyas". (...)
"Durante más de un siglo se vivió peligrosamente en las tierras almerienses próximas a la costa del cabo de Gata, de las sierras de Cabrera y Almagrera, cuyas calas, de difícil vigilancia, servían de descanso, aguada y penetración a los piratas argelinos y berberiscos. La victoria de Lepanto no los alejó de nuestras costas ni siquiera temporalmente. Algunas subcomarcas -Sierra de Filabres y Almanzora Medio- fue imposible repoblarlas durante cinco o seis años, 1573-1578, por haber sufrido el azote de los piratas. Repobladores y pobladores clamaban por unas tierras más seguras".
Buscando esta seguridad se siguió fortificando la costa, siguiendo la línea iniciada durante el reinado nazarita y después por los Reyes Católicos. 
 
"La fortaleza de San Pedro de Las Negras se compuso al final del siglo XVI o principios del XVII construyéndole a una vieja torre Nazarí un reducto rectangular con una batería de veintiséis metros. Berrio y Machuca proyectaron en el 1575 esta construcción, para obstaculizar que los piratas berberiscos hiciesen la aguada en el pozo del Chavalí. La guarnición se componía de doce soldados, en el 1656 solo había siete. Tenía dos piezas de bronce de una y dos libras de calibre, y ocho mosquetes; se necesitaban balas para los cañones y los mosquetes, pólvora y cuerda. Torre y reducto necesitaban reparos (según el visitador de ese año). El 12 de enero de 1658 la derribó un terremoto". 
 Las torres y fortalezas se demostraron claramente insuficientes por lo que se recurrió a un sistema de vigilancia continua mediante galeras que nos describe el padre Tapia citando al archivo de Simancas:
"la guarda de la costa quedaba incompleta y ésta muy vulnerable a las embestidas de turcos y berberiscos, si el dispositivo de alarma y defensa montado en tierra no se completaba sobre la mar con la ronda de las galeras de primavera a invierno. Lo advierte el visitador Ramiro Núñez de Guzmán en el 1526. Ya los RRCC lo tuvieron presente. Además de las guarniciones y guardas de la costa hacía falta que ocho galeras patrullasen las costas y unas fustas armadas navegaran en conserva de las galeras".(...) "Esta organización se consolidó a partir de 1522, que la amenaza de turcos, argelinos y berberiscos se hizo agobiante. Este año, por convenio del rey con D. Bernardino de Mendoza, esta armada se componía de una fragata y catorce galeras, diez del rey y cuatro de D. Bernardino, que llevaba el quinto real de las presas que hacía".
La captura de piratas embarrancados o perdidos en la costa y tierra adentro empezó a ser recompensada por los reyes. "En uno de los expedientes que se conservan en el archivo de la Alhambra se puede seguir la peripecia de una nave y la de cada uno de los que venían en ella a robar".(...) El cuatro de febrero de 1551 las galeras de D. Bernardino toparon en aguas de Cartagena con unas galeotas turcas, entre las que iba una célebre por sus golpes, llamada la Galeota Negra. Cuando las galeras fueron a atacarlas, dejaron sola a esta última y huyeron. Las galeras obligaron a embarrancar a la Negra, sus tripulantes saltaron a tierra y cuatro fueron apresados por los guardas de la Cala del Plomo. Otros consiguieron esconderse y pasar por moriscos.
"En enero de 1567 Don García de Villarroel envió a Granada veintiocho piratas que apresó en los Cerros de los Frailes, de una galeota que embarrancó en las inmediaciones de éstos". 
 
Conforme la presión se va haciendo insoportable para los moriscos, suelen aprovechar la llegada de piratas a la costa para huir con ellos a África.
"En el 1559 se van tres moriscos de Huebro. Algunos de sus convecinos declaran que los piratas se los llevaron a la fuerza, otros dicen que fueron voluntariamente con ellos".
El dieciséis de abril de 1562 unos piratas argelinos o berberiscos entran hasta Níjar y se van con ellos veintiocho familias de Níjar, veintisiete de Huebro y unos recién casados de Turrillas. Se van algunas de las familias más acomodadas, como la de García de Santamaría y la de los Mercadillos (ALHAMBRA).
"Entre 1522 y 1556 se producen cincuenta y cuatro asaltos de los piratas berberiscos y argelinos a las costas almerienses, fracasaron en veinte de ellos y perdieron la vida en el lance, triunfaron en treinta y cuatro y se fueron con el botín. El más audaz de todos fue el robo de Tabernas en septiembre de 1556." (Y el de Lucainena el siete de abril de 1555). "En septiembre del año 1573, el antiguo monfí El Joraique, convertido ahora en pirata, desembarcó en una cala próxima a Carboneras para penetrar hasta Tahal, en el corazón de Filabres, donde logró llevarse como cautivos a diez nuevos pobladores"
Pero en tiempos más modernos también hay piratas de nuevo cuño y la red de antiguos torreones y castillos se completa con cuarteles de la Guardia Civil para las nuevas necesidades de vigilancia costera. La costa como frontera, el contrabando de tabaco (y últimamente de hachís magrebí) eran objetivo a cubrir por estos nuevos cuarteles. (Los Escullos, Loma Pelada ...).
Carmen de Burgos, en "El último contrabandista" retrata al cacique rural y capo de contrabandistas, el mundo del contrabando que, a principios de siglo, influenciaba vidas y haciendas en el territorio que se encuentra entre el Cabo y Aguamarga.
"Habían logrado ir como sombras por silos, minas y vericuetos, para reunirse en los lugares donde no podían llegar los carabineros. Los barcos contrabandistas alijaban al amparo de Peñas Roas o de Punta Polacra, aquel peñón desprendido del cerro, que daba la impresión a lo lejos de un barco de vela anclado junto a la orilla y que al acercarse en la noche amedrentaba con su perfil de estatua de cabeza gigantesca, envuelta en un capuchón, cuyo semblante esbozaba una mirada burlona. Muchas veces se habían tenido que dejar los fardos al aire libre en alguna cortadura de las playas, defendidos con la misma audacia que los abandonaban, mientras los carabineros pasaban al lado suyo buscando en los sitios sospechosos.
Todas las galerías y depósitos estaban ya llenos de género, era una riqueza cuya pérdida causaría la ruina de muchos, y todos estaban tácitamente resueltos a jugarse la vida antes de dejarse arrebatar aquel género. El camino subterráneo que atravesaba el cerro del Cinto, funcionaba todas las noches, pero era insuficiente para descongestionar los silos, pues tenían que pasar fardo a fardo, por las galerías estrechas y el género empezaba a perjudicarse con la humedad. 
 
Hasta la entraña del cerro de los Lobos la tenían llena de contrabando.
Hasta aquella playa misteriosa, donde no podía llegar la escampavía (barco ligero para perseguir el contrabando) y cuya entrada ocultaba la marea alta, estaba repleta de contrabando. Aquella superioridad que les daba su arrojo y el conocimiento del terreno, les hacia reír y consolarse de las inquietudes que la obstinación de los carabineros les causaban. Ya acabarían por cansarse. Ellos estaban muy unidos, como un solo hombre dotado de muchos cuerpos, y obraban al unísono con una disciplina admirable.
Se corrían las órdenes de unos a otros con sobriedad, como si las llevara el viento y no había que temer una indiscreción, que su código castigaba con pena de la vida, y contra su sentencia no cabía indulto. Lo que había logrado aquel milagro de disciplina era la influencia de Don Antonio, el señorito, el amo, que era para ellos algo lleno de un prestigio superior, semidivino. Ninguno de ellos, enriquecido por la suerte, hubiera tenido aquel prestigio. Se sometían a él como a un señor natural, cuya llaneza agradecían como una gracia".
Y es que, en una sociedad, dependiente de una agricultura con mínimos de agua y muy sometida a las inclemencias estacionales, es necesario buscarse complementos a la subsistencia diaria.
"No se podía descuidar el negocio del contrabando. Venían unos sobre otros los años de sequía. Las sementeras eran pobres, escasas; las hazas enteras se horriagaban y arrollaban, sin cuajar una sola espiga.
Los animales se morían de hambre en el campo estéril, y los braceros no encontraban un esparto ni un cogollo digno de cogerse. El hambre era general en toda la provincia. Las gentes emigraban o salían por los montes en busca de raíces que poderse comer. Hasta en algunas comarcas se habían organizado partidas de bandoleros que salían al camino a despojar a los transeúntes o asaltaban los cortijos de labradores acomodados.
Sólo aquella faja costera del Cabo a la Mesa, donde imperaba la influencia de D. Antonio, se veía libre de miseria. Allí tenían todos dinero abundante para comprar harina, semillas, aceite y patatas y proveer a sus necesidades". 




  
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Más a fondo en:
- (1) Andújar Castillo, F. Díaz López, J. López Andrés, J.M. "Almería moderna. Siglos XVI-XVIII. IEA. 1994. Pg. 94
- De Burgos, Carmen. "La flor de la playa y otras novelas cortas". Ed. Castalia. 1989.
- Gil Albarracín, A. "La batería de San Felipe de los Escullos". GBG. Almería, 1994.
- (2) Provenzal, D. Molina, P. "Cortijeros y areneros. IEA. 1990.
- Tapia, J.A. Historia general de Almería y su provincia. (Tomo IX: Almería Morisca). Ed. Caja de Ahorros de Almería. 1990.